Las cinco heridas

Las cinco heridas
Kirstin Valdez Quade
Traducción de Blanca Gago
Nórdica, 2026

Las cinco heridas (en Nórdica) se sumerge en el relato de unas vidas marcadas por la violencia y que sobreviven en un entorno amenazado por las drogas. Vidas acostumbradas al fracaso y que, a contracorriente, no renuncian a la bondad, a la ternura, a los sueños, a una redención que les permita reconciliarse con el mundo y acariciar, aunque sea por unos instantes, la luz. 

Amadeo es un treintañero desempleado, alcohólico, que se prepara para representar la crucifixión de Jesucristo en la procesión de un Viernes Santo. Su afán por mantener viva la tradición de Las Penas, pueblo de Nuevo México donde transcurre la trama, se ve interrumpido por la aparición de su hija adolescente. Ángel repite la historia del embarazo temprano que tuvo su madre, con la que su padre apenas mantiene contacto y de la que la joven ha huido tras una etapa de complicada convivencia. Ambos se reencuentran en casa de Yolanda, madre y abuela de Amadeo y Ángel, respectivamente, convertida en cabeza de familia tras la muerte de su esposo. Junto a ellos, Valerie, hermana de Amadeo, o Brianna, la joven profesora del programa para madres solteras al que asiste Ángel, completan junto a otros nombres el reparto de una obra coral que se representa con personajes que sienten que no tienen fuerza para afrontar las dificultades que les planeta la vida y, aun así, desde la debilidad y el desmoronamiento, buscan el impulso para no desistir. 

Kristin Valdez Quade consigue perfilar con habilidad los actores de esta tragicomedia que, aun con sus conductas reprochables, provocan una entrañable empatía. Con un ritmo acertado, ni lento ni precipitado, la autora nos hace convivir con la historia de sus protagonistas, la que comparten y la que respiran por separado. Una historia de castigo y arrepentimiento en la que prevalece, por encima de todo, la familia y la resistencia. Una historia, en definitiva, humana. Porque, después de la violencia, del dolor y la resignación, a pesar de todo, queda la penitencia y, con ella, la esperanza.

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