La isla

La isla
Jérôme Ferrari
Traducción del francés de Pablo Martín Sánchez
Asteroide, 2026

Nosotros no matamos a nadie, sino que nos abrimos de brazos como imbéciles ante el primer viajero, y otros viajeros vinieron después y nos encontramos atrapados en la espantosa dialéctica que nos enfrenta y nos une indefectiblemente a ellos, en un cara a cara de corrupción mutua donde cada cual pone al descubierto los vicios más repugnantes, pues sé perfectamente que nosotros no somos inocentes, sino cómplices de la transformación del mundo en un gran comercial, creemos incluso que dicha transformación nos permite prosperar y sé que el silencio sepulcral de las noches de noviembre (cuando se acaba la temporada turística) es también obra nuestra, la consecuencia inevitable de nuestra codicia, queremos su dinero, queremos cada vez más, no tenemos vergüenza de nada y, una a una se han ido apagando las casas del puerto, con cada nueva oferta de alquiler turístico se han ido cerrando uno a uno los postigos y apagándose las luces.

Ferrari es un maestro en hacernos sentir incómodos porque siempre encuentra en todos nosotros, junto a lo que nos hace humanos (la bondad, la amistad, el deseo) todo lo que nos hace imperfectos.

Contando la historia de un grupo de amigos en Córcega, nos va narrando cómo el presente de explotación turística de la isla se ha ido construyendo sobre la misma burricie histórica que ya existía, que las mismas fallas brutales que marcan nuestro pasado, son la base del futuro en el que, ahora ya lo sabemos, no queremos vivir.

La Buena Vida como muchas librerías del centro histórico de nuestras ciudades, nunca fuimos la razón de la gentrificación, pero estamos ya marcados como un indicador de la misma. Indicadores y víctimas, así que estamos muy sensibles con el tema.

Pero como el autor francés es un tipo listo, no se deja engañar por la nostalgia. El pasado no era mejor, pero ¿en serio que era esto lo mejor que podíamos hacer para dejarlo atrás?

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