Los lobos del bosque de la eternidad
Karl Ove Knausgard
Traducción del noruego de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
Anagrama, 2025


En 2025 nadie sigue con atención las prolíficas entregas de este autor quizás porque resultan inabarcables y prometen apabullar al lector puesto que aún cuenta solo con 56 años. Pero creemos que después de Mi lucha, su entrega autobiográfica en seis volúmenes, Knausgard sigue siendo un autor imprescindible que con un estilo reconocible, va evolucionando y entrando en universos diferentes y atractivos. Ya lo hizo con su anterior entrega, La estrella de la mañana, pero en esta continúa con una búsqueda de espiritualidad personal propia de nuestro mundo occidental cuya neurosis ha sabido retratar como nadie.
En este caso, la obsesión que intenta desentrañar son las conexiones del ser humano con sus antepasados y con la naturaleza en su sentido más amplio, negando el razonamiento por el cual la palabra y el lenguaje es lo que distingue lo humano de su entorno, y conectando a este con su mundo presente, pasado y futuro a través de una espiritualidad íntima.
Las historias de los personajes avanzan con su prosa cautivadora y son abandonadas en callejones que parecen no haber llegado a ningún sitio: la historia del joven Syvert que anda perdido en el final de su adolescencia y que descubre un pasado familiar que le lleva a abrir puertas imposibles; la de Alevtina que se despide de sus progenitores en una Rusia nueva y vieja. Al final, una vocación ensayística que en su día le llevó a introducir un excelente ensayo biográfico sobre el joven Hitler en una de sus novelas, le lleva ahora a teorizar sobre las conexiones invisibles que nos convierten en parte de algo más grande e inasible que un mero eslabón de la cadena de la humanidad, quizás una piedra de celebración a una nueva espiritualidad compatible con la ciencia y los límites evidentes de la razón.
Una prosa envolvente y ambiciosa, disfrazada de un costumbrismo y naturalismo marca del autor, que hará las delicias de todos los lectores del autor que mantengan la fe en poder seguir el paso de su creación. Todo un maratón.



