El volumen del tiempo I
Solvej Balle
Traducción del danés de Victoria Alonso
Anagrama, 2024


Ya nos han contado que por una brecha en el tiempo, un personaje se queda anclado en un día que vive una u otra vez, mientras a su alrededor, ni los objetos, ni las personas, ni las acciones donde se ven involucrados, cambian.
También nos habían contado el proceso íntimo que sufre alguien en esa situación y nos habían hecho reflexionar sobre cierta monotonía en nuestras vidas, la falta de atención a los detalles y a los que nos rodean, la vaga dejadez de nuestros sentidos para percibir las pequeñas variaciones y detalles, la autenticidad de lo que vivimos a diario.
Como la protagonista de esta novela o los otros personajes que habíamos conocido en las otras historias, nosotros mismos podríamos caer en la mirada vaga y superficial y pensar que es otro libro. Ya no leeríamos historias de amor porque las hemos leído, ni historias de pérdida, porque las hemos leído. Pero si como lectores habituales fijamos nuestra atención en este libro vamos a leer un año en la vida de una persona. Un año de un día. Vamos a acercarnos a las diferencias entre monstruos y fantasmas, siendo los monstruos, los que alteran y agotan lo que tienen alrededor; vamos a escuchar nuestros pasos y analizar nuestros gestos y lo que nos encontramos de una forma en la que no solemos hacerlo.
Y quizás, acabemos descubriendo que la aventura o la expectación surgen cuando todo se repite, como en una relación de muchos años, en la que cada leve cambio es un mundo porque el colchón va cogiendo una forma que damos con nuestro cuerpo al mismo tiempo que este cambia para no encajar en ella, y acabemos diciéndonos, como la protagonista…
«Todo parecía igual, aunque tenía la impresión de que había menos particularidades. Solo veía calles, tiendas, cafés y gente. Daba pasos comunes en calles comunes. No flotaba a través del universo condensado ni nadaba en un mar de detalles precisos, e ignoraba adónde me dirigía…. Mi noche permanecía abierta, cualquier cosa podía suceder, pensé; sin embargo, no ocurría nada…. Sentía una especie de liberación ante aquella escasez de particularidades, por la carencia de suposiciones y escenarios, la falta de atención y de condensación.«



