Marcelino

Marcelino
Bibiana Collado Cabrera
Pepitas de Calabaza, 2026

Si bien el libro padece de cierta artificiosidad para conseguir transmitir en primera persona la perspectiva de un hombre rural, con toda la carga de estereotipos que eso conlleva (falta de capacidad de comunicación, simpleza, reconocimiento del mundo mediante una experiencia limitada), lo cierto es que es un intento más que digno de dar voz a los que nunca escribirían un libro.

Porque veamos, quién imagina a un campesino pobre, sin educación, dedicado de sol a sol a la supervivencia y con la única capacidad de decidir entre una estrecha realidad que le protege y le limita desde la infancia, ponerse a escribir por las noches sobre sus pensamientos y emociones.

Al fin y al cabo, la literatura la escriben los que tienen el pan en la mesa, los que lo ganan con ella o los que están dispuestos a morir por ella.

Pero es emocionante intentar intuir las aguas internas de una masculinidad que también se ha intentado reducir al estereotipo, homogeneizar, pero que escondía identidades, sueños y voluntades diversas. La vida del campesino sin voz, su entorno afectivo y social, intentando reflejar cómo debajo de esas manos con piel dura, debajo de esos silencios, de esa rabia y amores contenidos, siempre fluía, siempre lo ha hecho, el anhelo por una vida única y propia.

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