Los nombres de Feliza
Juan Gabriel Vásquez
Alfaguara, 2025


Juan Gabriel Vásquez reconstruye en su última novela la vida de Feliza Bursztyn, una escultora colombiana que quiso vivir en libertad, una artista amada y odiada, obligada a exiliarse en Francia, donde falleció de un infarto en el año 1982 durante una cena en compañía de su marido y un grupo de amigos, entre los que se encontraba Gabriel García Márquez. Hija de exiliados judíos, Feliza se hizo a sí misma, como mujer y como artista, en contra de lo que la sociedad le exigía, o esperaba de ella. Y fue injustamente perseguida por la política y olvidada por la historia, un precio que tuvo que pagar por el simple hecho de ser diferente y no hacer daño a nadie.
El autor nos traslada a la Colombia de finales de los 50, cuando Feliza empieza a esculpir y a esbozar un estilo trabajado con materiales desechados, con chatarra. Y traza un viaje hasta el final de su vida en los años 80. Un trayecto con pasajes en Nueva York, Tel Aviv, Cuba, México y un vaivén entre Bogotá y París. Un recorrido que en la narración avanza con una calmada inquietud para ir desvelando, y al mismo tiempo reivindicando, la desconocida vida de Feliza: a nivel personal, a través de la relación que mantuvo con sus padres y hermana, con su primer esposo y sus tres hijas, con el poeta Jorge Gaitán Durán y con su último marido, Pablo Leyva, con quien compartió ternura, felicidad y dolor; en lo profesional, ensalzando la memoria de su trabajo, rehaciendo el ambiente cultural y social de la época, donde fue abriéndose hueco, con respeto y admiración, y donde encontró enemigos sin buscarlos, pero también compañeros, amigos y aliados.
La narración de Los nombres de Feliza es virtuosa. Por un lado, está el autor que investiga, el que recaba información especialmente durante los encuentros que mantiene con Leyva en el presente; por otro, se convierte en su personaje para darle forma a los días de la escultora, sumergiéndose en su intimidad, en su manera de pensar, en su espíritu revolucionario, buscando comprender los motivos que llevaron a García Márquez a escribir que Feliza «murió de tristeza». Una vez más, Juan Gabriel Vásquez reconstruye la historia para que el lector la viva, porque así es como se siente la escritura del autor de las también maravillosas y más que recomendables Volver la vista atrás y El ruido de las cosas al caer.



