Ocho

Ocho
Amy Fusselman
Traducción del inglés de Virginia Higa
Chai, 2024

Libro fragmentario, casi dietario. Con forma y aparente falta de pretensiones, tiene hallazgos y reflexiones que le colocan en otro nivel.

Compartimos los últimos días de vida de su padre, con la inevitable intención de colocar los recuerdos en orden y entender a quien se va para dejarle ir y que sirva de abono fértil a los que se quedan.

Asistimos al devenir azaroso de un embarazo asistido. La dependencia y artificialidad y la naturaleza enfrentadas ante un anhelo. Acompañamos el proceso y nos resulta tan íntimo y humano, que acabamos cambiando los pañales.

Y en ello, descubrimos el amor por lo repetitivo, por las pequeñas obligaciones que nos presenta la vida a través de las cuales cruzamos el mar de la alienación y descubrimos el mar de la libertad de ser, de estar.

Asistimos a los límites de nuestra educación racional y los ramalazos de abrazar una espiritualidad a través de terapias de imposición de manos que nunca terminamos de creernos salvo porque nos hace sentir mejor.

Nos sentamos junto al diván de la terapia y nos descubrimos renegando de lo que no aporta ni solución ni descanso.

Y como quien abre un armario y encuentra unas píldoras que no buscaba, encontramos un pequeño bote que recoge una experiencia de abuso infantil. Y también en este caso, rehuye el drama para hacer una lectura universal y actual.

Aunque fuera escrito en 2013, en 2024 reconforta encontrar buena literatura y una voz que hace literatura, buena, sin necesidad de saltar por ningún acantilado.

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