El valle de las mariposas

Inger Christensen
Traducción de Daniel Sancosmed Masiá
Sexto Piso, 2020


Parece que leer a Inger Christensen cuando llegan los días más cortos y hay más espacio para la melancolía hace que sus poemas encajen aún mejor entre ellos. La poeta danesa ya lo había hecho con Eso Alfabeto, dos libros en los que, como este Valle de las mariposas, el misterio no se desvela pero va encontrando su lugar, su ritmo interno que lo construye a la perfección. Como si el orden también fuera oscuro.

El valle de las mariposas está formado por tres secciones o poemas largos en los que la combinatoria es tanto matemática como poética. Escaleras de agua, un recorrido por las plazas de Roma al atardecer, donde distintos elementos se repiten pero nunca son los mismos, es un poema que da vueltas en torno al agua, la gente y las historias que se reflejan con el sol más brillante, como la noche de Diálogo de Roma de Margerite Duras. Carta en abril recupera el tiempo y el paisaje de un viaje con su hijo a París, donde va reuniendo piezas y las ordena al milímetro: ahí están los días, la convivencia y una mirada que se admira ante todo y consigue encontrar lo más sencillo en cada esquina. Y, por último, Poema sobre la muerte, es un réquiem de sonetos encadenados, cada uno de los cuales protagonizado por una mariposa, que revolotean de un poema a otro en una sucesión de vidas breves.

«Tiro migas de pan
para que las palabras se queden
quietas.»

Y así se queda el libro entre las manos, con los trocitos mágicos de luces oscuras.

Pilar Torres

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