Distante

Marie Modiano
Traducción de Lydia Vázquez Jiménez
Cabaret Voltaire, 2019

Valentine recuerda sus veinte años leyendo un diario que escribió durante una interminable gira teatral por ciudades europeas. Era su primer trabajo como actriz y todavía no sabía lo sola que se podía sentir aún estando rodeada de gente. Marguerite Duras decía que estamos «solos y entre la multitud, nunca solos en sí mismo, siempre solo en la multitud.»
Valentine no tiene ningún sitio al que ir ni al que volver, simplemente va de habitación de hotel en habitación hotel, sin rebelarse contra nada porque «nos acostumbramos a todo, hasta a la vida gris.» Da la sensación de que se está poniendo a prueba, recorriendo todas estas ciudades que se presentan ante ella, sin encanto. Ciudades en las que parece que siempre llueve y hace frío y es de noche, pero no se puede dormir, y la gente es hostil y sus compañeros de función siempre están cansados.

Pero no solo se recuerda sola, desconectada, también se recuerda enamorada. Aunque siempre “distante”, siempre con la sensación de que es imposible acceder a la otra persona. Un amor al que nunca llama amor, con una pareja a la que nunca llama pareja. Un joven escritor americano tan triste como ella, que con un estaré de vuelta antes de que anochezca la deja sumida en una espera infinita.
Marie Modiano hace el retrato de esta mujer que parece formar parte de esas personas que nada ni nadie puede contentar, sin que resulte antipática en ningún momento porque Valentine nunca llora, ella sonríe siempre. Y se mira desde fuera y siente pena e incomprensión por esa joven ya tan triste en la vida, y es incapaz de imaginarse cómo será el futuro.
«Sonreír a la mañana Al mediodía
A la tarde
Al olvido
A la luna
Sonreír a la noche
Al insomnio
Sonreír a la ausencia.»

Violeta Rodríguez

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