Paseo.05: Yo no soy Steve Martin

Después de una de sus múltiples reestructuraciones y diseños, el sumplemento de «tendencias» Tentaciones de El País, empezó a aceptar anuncios por palabras para contactos personales. Chico busca chica, chica busca chica, … y demás combinaciones que se han quedado rápidamente viejas porque intentaban ser supermodernas, como el propio sumplemento.  También había una sección que llamaban TE VI. Eran mensajes cortos del tipo: «línea 1, estación de Sol, miércoles sobre las 12:30 horas. Nos miramos y no se me olvida. Si te pasa lo mismo, contacta.»

Tengo un amigo escultor con el que consulto muchas cosas, incluso mentalmente cuando él no está. Esculpe en piedra de Calatorao, una piedra aragonesa densa y dura que obliga a un trabajo paciente y esforzado para sacar formas y que intenta llevar la mano del que la moldea por lugares que ella decide sin atender a razones.

Pues a él le consulto qué hacer o qué piensa, incluso sin que él lo sepa, sobre cosas de mi vida o sobre temas que me inquietan.  Lo hago mentalmente a raíz de una crítica americana de un libro no publicado aquí que se titulaba I Am Not Steve Martin y que partía de la premisa de un tipo inseguro y tímido que intentaba comportarse en situaciones que le generaban estrés como si fuera Steve Martin, lo que le daba más seguridad y le guiaba en la forma de relacionarse con una nueva perspectiva. El libro lo leyó un hermano y lo despachó con su lacónica frase: otro libro basado en una buena anécdota o una idea pero que se queda en nada.

Pero la idea era buenísima y un día pensé que era bueno tener una referencia así. Lo que me temo es que al elegir a mi amigo como referencia, no hice más que emporar mis habilidades sociales aunque me diera seguridad.

Y cuando empiezo a pensar en las casualidades de la vida, los momentos en los que una pequeña decisión puede cambiar tu futuro o quién eres para siempre, como cuenta Paul Auster en 4 3 2 1, tanto si tomar una opción u otra está en tu mano como si la sufres por el azar me pregunto qué haría él.

Lo que seguro que no haría es quedarse atrapado en el «y si …». Por supuesto, tampoco habría escrito un mensaje de ese tipo. Las cosas pasan, también las que no nos pasan, y lo que no nos sucede no es lo que nos hubiera sucedido en caso de ocurrirnos. Lo que queda, es el surco en la piedra, ni siquiera el que pensaste hacer, sino el que ha acabado marcado en el bloque fruto de la lucha entre el azar, la determinación, la paciencia, el tiempo y la inexplicable oposición o facilidad de la propia piedra. Pero no te preoucpes, en cierto modo, el surco ya estaba allí antes de que llegaras.

 

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