Una familia en Bruselas

Una familia en Bruselas
Chantal Akerman
Traducción del francés de Regina López Muñoz
Tránsito editorial, 2020

Con veinticinco años, y después de varias películas que ya no se parecían a ninguna otra, Chantal Akerman rodaba Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles. Una película sobre una madre, una casa, muchas puertas, una cocina, interruptores, un sofá cama y la imposibilidad de saber qué hay detrás del silencio. Durante tres horas acompañamos, a lo largo de dos días y medio, a una viuda ama de casa de una habitación a otra, en la ducha, en la zapatería, en el mercado y cuando se prostituye por las tardes para llegar a fin de mes. Y todo rodeado de su silencio: de ella solo oímos sus tacones y cómo sus manos pelan patatas, pero no sus ideas, opiniones ni su llanto. Compuesta por un equipo prácticamente femenino, se estrenó en Cannes y Margarite Duras le gritó enfadada a la pantalla: esas tres horas que se convierten en un laberinto de oscuridades fueron instantáneamente una piedra angular para cualquier forma de hacer cine. Ver hoy Jeanne Dielman sigue siendo igual de impresionante: tras verla, es difícil que pensar y ver películas vuelva a ser igual.

Una familia en Bruselas no explicita la dirección de la casa familiar como hace Jeane Dielman, pero como gran parte de lo que hizo a lo largo de su vida es otra órbita en torno a la familia y el centro de fuerza oscura que era su madre. Una familia en Bruselas es una oración que se repite, un bucle de ideas en torno a todas esas cosas que no sabemos «si no eres una mujer», como le contestaba Jeane Dielman a su hijo. Es un repaso vital tras la muerte del padre que pasa sin pausas de madre a hija y donde la hija se convierte en la madre. Un remolino de voces interiores, donde el silencio y la intimidad se mantienen gélidos, pero donde no falta la ternura, ni la alegría. Chantal Akerman recitaba este texto junto a Aurore Clément, quien se había puesto en la sombra de la propia Chantal en Les rendez-vous d’Anna y en el papel de la madre que construye un hogar en Demain on déménage, esa película optimista que solo los pesimistas pueden hacer.

Con una traducción fabulosa, atenta a todos los recovecos y transformaciones del texto, Una familia en Bruselas es un viaje perfecto por las carreteras de Chantal Akerman, quien siempre parecía buscar buscar una misma obra y mirar de frente, sin fetichismos, con la fascinación de una niña. Un libro sobre los secretos, el pasado, el hogar, el ser siempre hija y no tener que crecer, la tristeza y su esperanza de que siempre haya alguien, aunque esté lejos, nadie lo entienda y explicarlo no sirva de nada, sobre a quién nos parecemos y cómo la enfermedad es irremediable y no podemos convertirnos en aquellos a quien queremos. En Chantal hay constantemente multitud de fantasmas sin palabras, pero también canciones para que la pena se pase pronto o, al menos, para encontrar un consuelo a la soledad durante un instante.

Pilar Torres

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