Recuerdos del pasado

Siri Hustved
Traducción del inglés de Aurora Echevarría, para Seix Barral, 2019

Esta novela genial de Siri Hustvedt tiene tantas lecturas como matrioskas monta en este artefacto literario maravilloso en el que uno sale volando como si fuera una alfombra mágica al pasado, al de cada uno, y al presente que somos que ha sido moldeado por aquel.

Leer unos diarios escritos cuando la joven escritora llega a la gran Nueva York para convertirse en escritora y ponerse a prueba a sí misma, hacen que vuelva la mirada atrás a cómo todo lo que es ahora, en plena madurez, no es sino el fruto ya no solo de las experiencias vividas, sino de la forma en la que se las contaba, se las cuenta.

Al mismo tiempo, en toda la novela se deja sentir esa tensión que solo el que se ha cambiado de ciudad para aprender a vivir solo y descubrir si tiene lo que hay que tener para realmente constituirse en quien en ese momento solo es un anhelo, un difuso objetivo, una persona que se vislumbra en el futuro.

Un coro de personajes secundarios que la rodean en una ciudad donde nadie la conoce, pero en la que poco a poco va encajando, que seguramente habría casi olvidado si no fuera porque quedaron reflejados en aquellos diarios que ahora lee, y que ya no son lo que fueron, sino solo las sombras de una presencia que uno nota en quien ahora realmente es.

Es un libro apasionante, con una estructura más cercana al thriller psicológico que al memorialístico, pero generando tal cantidad de raíces que uno va siendo atrapado, fascinado, y quisiera ver conexiones personales en cada detalle, y queda finalmente rendido al apabullante talento de la autora. Trufado de reflexiones nada condescendientes ni nostálgicas, sino más bien analizadas como si ese alguien joven que uno fue, fuera una otra persona, en un mundo que también ha cambiado a nuestro alrededor y que no nos permite juzgarnos como lo haríamos ahora, sino bajo aquellas circunstancias.

Es gracioso que las cosas que hacen de nuestra vida lo que ha sido sea también el tema de 4 3 2 1 de Paul Auster y que Además, resulta un detalle realmente curioso que una Lydia Davis nos regalara un única novela en la que también nos contaba cómo escribía una novela en la que contaba aquel amor con un alumno de la universidad en El final de la historia. Cada lector encontrará sus asideros, todo, en el fondo, para alargar el placer de paladear lo que ha leído, y volver a algunas esquians en las que no giró, a algunas puertas que no abrió.

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