Tiene que ser aquí

Tiene que ser aquí
Maggie O’Farrell
Traducción del inglés de Concha Cardeñoso
Libros del Asteroide, 2017

¿Cómo encajar las historias del pasado en nuestra vida cuando ya creemos tener construido un nuevo guion?

Daniel y Claudette son los personajes centrales de esta novela, una pareja feliz que se forma tras un encuentro fortuito en mitad de sus respectivas huidas. Ambos saben ya en este punto del camino lo que es verse atrapados en vidas que no les satisfacen y se ven agarrándose con todas sus fuerzas a la posibilidad de vivir de nuevo una relación plena. Cuando parecen conseguirlo, ese pasado al que creían haber dado esquinazo resulta no haberse quedado tan atrás como pensaban, y una noticia sobre una mujer a la que Daniel había conocido 20 años atrás lo vuelve todo del revés. O’Farrell narra con maestría la necesidad de Daniel de encontrar las piezas que le faltan en esa historia que vuelve ahora inesperadamente, mientras se rebela incapaz de expresar lo que le pasa por dentro. Una búsqueda a veces desesperada que le arrastra y hace perder la noción del tiempo mientras cree tener a salvo su vida.

La autora hace que vivamos con Daniel esa angustia y que experimentemos también la impotencia de Claudette, que asiste a los acontecimientos desde la primera fila, y que se encuentra de nuevo luchando por continuar hacia delante sin más ayuda que su propio ánimo.

«<<Eso está mejor>>, piensa Claudette, paseando por la playa, con el abrigo abotonado porque hace frío. Ha salido, hace una actividad, va tirando, algo más que ir tirando. A ver, ¿qué demonios ha sido el numerito de la cocina? Nada. Se encuentra bien. ¡Llorar por un paquete de café! ¿Qué narices le pasa, si se puede saber? Hoy está un poco tristona, nada más.»

Es esa facilidad para construir personajes que parecen sentir y emocionarse a nuestro lado lo que hace que ‘Tiene que ser aquí’ nos atrape, con sus saltos en el tiempo, sus cambios de escenario y las historias de tantos personajes relacionados de alguna manera con Daniel y Claudette, que vienen a completar la realidad de la pareja. Disfrutamos de esas miradas que lo dicen todo entre dos personas que se aman, y cerramos los puños de impotencia en una conversación en la que no hay palabras suficientes para explicar la desazón cuando se te ha escapado, sin saber cómo, lo que más deseas. Sentimos el peso del cuerpo cuando le pedimos que nos ayude a ponernos en marcha y este se niega a obedecernos y cuando se vuelve ligero animándonos a atrevernos con un nuevo reto. Y a veces parece que nos va la vida en la supervivencia emocional de esos personajes, y nos dejamos la piel, también nosotros, con la esperanza de que sean capaces de construir a pesar de todo esa historia de felicidad. Porque…

«¡Qué redención, recibir amor! Cuando nos aman damos lo mejor de nosotros. No hay nada que pueda sustituirlo».

Paula Fuertes

 

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