La forja de Juan Tallón

Cuenta que su padre tenía dos estribillos que le solía soltar al llegar a casa. El primero era uno que les debe sonar a muy pocos: «Chaval hay que leer a los rusos». Un tarareo mecánico y persistente anunciaba el segundo, más exigente si cabe: «Lee a Papini». Juan Tallón hizo caso a aquellos consejos…