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Orbital

Orbital
Samantha Harvey
Con traducción de Albert Fuentes
Anagrama, 2024

Hemos leído Orbital, de Samantha Harvey (Anagrama), y podemos adelantar que es uno de los ejercicios más bellos que hemos visto en mucho tiempo. Esos en los que la literatura mira el mundo desde la quietud para analizar en detalle la vida. Concretamente desde una estación espacial que orbita a toda la velocidad diecisiete veces al día alrededor de la Tierra pero desde la suspensión de la gravedad, en el no ruido.

Un grupo de astronautas de seis nacionalidades distintas es capaz de convivir en un reducido espacio en el que los constructores han trazado fronteras hasta en los lavabos. Pero absurdas, porque ahí arriba, en la lejanía y soledad del espacio, a todos une la contemplación de la Tierra como una gran madre a la que estudiar para cuidar y proteger.

Trabajan en grupo y comparten soledad y preocupaciones personales mientras observan fenómenos como el acercamiento de un tifón a Filipinas. ¿Qué se hace con la enorme capacidad adquirida por el hombre de obtener información, con su papel de demiurgo, adónde nos lleva? ¿Qué parte de esa nos convierte en lo que hoy somos? ¿No era suficiente la contemplación de esa belleza llena de nubes “cremosas”, surcos de ríos, horizontes de ocaso? No son las preguntas que lanza, sino muchas la que nos hacemos en su lectura.

El estudio a una tierna edad de “Las meninas” de Velázquez se introduce en el relato de uno de los astronautas muy al principio para preguntarnos qué papel queremos jugar en este mundo: si estamos como infantas de observadores, somos rey retratado y reflejado en un espejo, pintor de la imagen o perro que descansa. ¿O queremos mirar ya en la posteridad qué es lo que ha ocurrido desde fuera del cuadro?

Una novela gozosa de leer de la que estamos seguros saldréis flotando, suspendidos en un silencio y un mar de preguntas.

Raquel Francisco

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