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Minimosca

Minimosca
Gustavo Faverón Patriau
Candaya, 2024

Buscamos adjetivos para empezar a hablar de Minimosca y, de repente, surgen inagotable fórmulas que podrían definir esta novela que, de principio a fin, nos ha dejado fascinados; sí, deslumbrados, extrañados, alucinados… Porque Minimosca lo es todo: un libro de libros, un puzle de historias, una multiplicidad de personajes, algunos ficticios, otros reales que a ratos son reales y a ratos se desprenden de su piel para transformarse en la ficción. Entre ellos, un hombre amnésico, un poeta-boxeador, un policía asmático, una joven víctima de abuso infantil; hay en el texto menciones a T. S. Eliot, al director de cine búlgaro Metodi Andonov, a los poetas Allen Ginsberg y Martín Adán; están presentes Rose Sélavy (alter ego imaginario de Duchamp), César Vallejo y la escritora Georgette Philippart; y existe un maravilloso encuentro entre Melville y Hawthorne.  

Lo que Gustavo Faverón nos propone en su última novela es fantasía, historia, misterio, poesía, filosofía, la creación de mundos paralelos, metaliteratura, el uso incluso del género cinematográfico en la creación de imágenes y situaciones, reflexiones sobre la memoria y el olvido, la tragedia y la locura. El autor juega con la dualidad, lo real frente a lo irreal, y aborda cuestiones como la búsqueda de identidad, las relaciones paterno-filiales, el amor, la amistad, la violencia, las huellas de las guerras y del terrorismo. 

Minimosca es también la representación y la interpretación de la vida a través del arte. Y de la literatura. Se erige como una obra fragmentada que, poco a poco, con su lectura, va creando un mundo en el que cada personaje y cada relato van ocupando su lugar, porque esa fragmentación de la narración es, a su vez, la recomposición de un todo que le da sentido a este desbordante universo tallado por Gustavo Faverón. 

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