
William Kotzwinkle – Navona
Una mujer rompe aguas en una cabaña en medio de un desierto de nieve. Hay que calentar el motor de la camioneta, frotarse las manos, atravesar 50 kilómetros de curvas, de frío, de hielo. Al final del camino, el hospital donde será el esperado parto. Estos son los primeros pasos con los que arranca esta historia basada en una experiencia personal que el autor tuvo en 1975, cuando su mujer dio a luz a su bebé.
Esta novela corta, muy bien desbrozada, donde todo camina en un mismo sentido, apunta al interior de su protagonista, Laski, un tipo que tiene manos de ebanista y la ilusión de tener un hijo junto a Diane, su esposa. El lector se sumerge en la narración a través de la voz de éste, una voz , en ocasiones, cerca del monólogo interior, de una belleza doliente, y una capacidad narrativa, a veces cortante y luminosa como un chasquido de piedras, otras, las menos, de un lirismo inesperado y contenido, blanco y secreto como la nieve que se consume en su pureza.
Por el tema y la dureza de alguno de sus pasajes no es un libro para tocar palmas, pero es tan contundente, que cuando lo estás leyendo eres consciente de estar ante una de bomba de relojería, precisa y a la vez sorprendente, que merece la pena disfrutar, y también sufrir.
Cuenta su autor, William Kotzwinkle, que la escribió en apenas en unos días, casi sin respirar, como quien tiene un fuego en su interior que arde y tiene que escupirlo para poder vivir. A La Buena Vida llegó a la mesa de novedades sin hacer ruido, pero a partir de ahora habrá que darle la importancia que tiene, y hablar de ella, sacarla del mutismo con que llegó.
