
Cuando leímos El cielo oblicuo, primera y única novela de la autora madrileña, vimos que las piezas volvían a encajar en esta sección subjetiva, personal y poco académica. García Abia ha dejado un libro de título lispectoriano con reglones torcidos por los que resbalan las referencias literarias. Breve y vivo, confesional, hondo. De las realidades a las emociones, hay un camino por el que transita la ira, el amor, el miedo, la distancia. La autora ha pintado de anhelos y voces rotas, de fragmentos y vivencias El cielo oblicuo.
Belén García Abia vive en Cabo Verde, en una isla con nombre de santo. Allí, cuenta, se le apulgaran los libros. Se le estropean. Aunque se formó como filóloga Árabe y se especializó en el Islam en la Universidad Autónoma de Madrid, compagina su vocación literaria con el negocio familiar y la elaboración de materiales didácticos. Si había algo que estábamos esperando para iniciar con buen pie el nuevo curso, era tener seleccionada a la autora para la sección de Nuevas Voces en La Buena Vida. Por nosotros, que se cierre la puerta del verano y bienvenido sea el otoño.
