Junil en tierra de bárbaros

Junil en tierra de bárbaros
Joan-Lluís Lluís
Traducción de Edgardo Dobry
Club Editor, 2022

Pese a la ambientación en el imperio romano del emperador Augusto, al comienzo de la era cristiana, Junil en tierras de bárbaros no es una novela histórica: es una fábula o travesía épica. Su autor, Joan-Lluís Lluís (Perpiñán, 1963), mantiene ese tono de cuento oral y maravilloso encendido a lo largo y ancho de la novela sin caer en ningún momento en la trampa de hacer, digamos, arqueología literaria. Ya desde que el lector se enfrenta a la frase que abre la novela («Había una vez un hombre que despreciaba a su hija») no se oculta que se está a punto de entrar en el territorio del cuento, de la bildungsroman maravillosa, como ya lo fuera la Odisea o cualquier romance de corte artúrico.

El narrador, que interpela de vez en cuando al lector como si fuera un aedo remarcando el carácter ficcional de su cuento —«(El padre) aunque permanecerá vivo e implacable en la mente de su hija, ya no hará más que apariciones alusivas, quizás prescindibles, a lo largo de este relato»— nos desarrolla una historia en la que el carácter de la propia literatura y su historia juegan un papel que llama poderosamente la atención: a lo largo de estas páginas, los personajes aprenden a leer, se preguntan por las lenguas que no conocen, por las ficciones y su veracidad. Todo ello en una historia protagonizada por Junil, una joven menospreciada por su padre que aprende a leer, se enamora de las letras de Ovidio, ya exiliado, y emprende una odisea por tierras desconocidas con el último rollo de papiro de Las metamorfosis para entregárselo al poeta. La heroína está acompañada de sus amigos: Tresdedos, un esclavo escriba, Lafás, un bibliotecario siervo de Minerva, y Dirminio, un antiguo gladiador. Los cuatro buscan la tierra de los alanos, famosos por no conservar esclavos.

Pero detrás de esta huida alegórica a la democracia, sin embargo, se esconde también un viaje al problema del lenguaje. En su periplo, Junil y los suyos se cruzan con pueblos que todavía no conocen la escritura. El lector vive, a través de sus ojos, la maravilla que supone poder fijar las palabras mediante unos signos que perduran y, por extensión, sus propios nombres y cuentos, que se propagan gracias precisamente a la escritura.

Lluís ha escrito una novela de aventuras que celebra el arte de contar historias. Sus personajes, en lugar de partir en busca del vellocino de oro o el santo grial, llevan el tesoro encima (Las metamorfosis). Pero también Junil en tierra de bárbaros atrae por otros motivos: la interpretación del carácter antropológico que puede alcanzar una ficción, la profundidad con la que se acerca al espíritu de frontera y al nacimiento del mito, a las lenguas maternas, a la alegría de la palabra y de la literatura.

Andrea Navacerrada

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