Ex Libris

Ex Libris
Matt Madden
Salamandra, 2022

Matt Madden, quien en la estela de Queneau contara de noventa y nueve maneras distintas la misma anécdota irrelevante, sigue jugando con el lector en Ex Libris como ya lo hiciera Italo Calvino en sus días. Al igual que sucede en Si en una noche de invierno un viajero (Siruela, 2019), Madden cuenta una historia que se desarrolla mediante la técnica del pastiche. Aquí, a diferencia de su anterior obra (99 ejercicios de estilo), no hay repetición ni recurrencia sino una historia lineal con características oníricas: la realidad cambia en función del estilo y género que Madden adopta; la línea, el color y el resto de elementos compositivos recrean, por un lado, la propia realidad que el protagonista de esta historia vive y, por otro, lo que bien podría ser un canon personal del autor al imitar y citar sus referentes del mundo del cómic.

Ex Libris comienza en primera persona. El estilo de encuadre inicial es figurativo pero no hiperrealista, con lavado de tinta en tonos azules y púrpuras, similar al enfoque de Alison Bechdel, y nos mete de manera tan literal en los ojos del narrador que solo podemos ver “nuestras propias” manos en el dibujo, como si de un videojuego se tratara, y con las cuales vamos a ir cogiendo libros del único objeto que hay en la habitación —una estantería— para traerlos a nuestro campo de visión. Dichos libros reflejan la propia experiencia y situación del narrador, el cual se mantiene aislado, inexplicablemente separado del mundo. Así, por ejemplo, en el primer cómic que el narrador lee, el protagonista de este expresa su incertidumbre sobre la identidad y sus circunstancias: «Ya no puedo recordar por qué estoy aquí. Puedo ser un guardia fronterizo, un investigador, un preso…». De la misma forma, el narrador de Ex Libris parece desempeñar potencialmente una multiplicidad de roles y no estar seguro de ninguno de ellos.

El protagonista de Madden lucha con los libros, sus narraciones y misterios. Madden juega de esta forma con el horizonte de expectativas del lector tipo de cada subgénero literario (novela de aventuras, novela negra, existencialista, lírica…): «A partir de este momento, incluso si toda mi vida es un desastre, estoy decidido a aprender a leer un cómic». Entre otras tantas cosas, Ex Libris es, entonces, una galería de estilos propios del cómic, un reflejo de su historia a partir de distintos niveles autorreferenciales («¿Y si viviera en un cómic? ¿Qué tipo de aventuras tendría? ¿Quién me leería?»).

El narrador aparece y desaparece entre la inmersión y su monólogo. Hay, entre las lecturas y sus experiencias, una cierta retroalimentación que apela a la identificación propia que el lector busca en la ficción: «Parece que cada cómic que miro termina llevándome de vuelta a mis propios fracasos con algún detalle extraño». Así, con sus personajes literalmente integrados en la(s) historia(s) que nos presenta, Ex Libris es un abismo en bucle sobre el hallazgo y la reafirmación de la identidad. El objetivo final es escapar: ir más allá de los límites del encuadre para poder volver a entrar en el mundo. La historia de Madden, entonces, sugiere que la ficción —tanto su consumo con su creación— es fundamental para comprendernos a nosotros y al mundo, seguir adelante. Tenemos que evitar quedarnos atascados en nuestras historias y, al mismo tiempo, mantener un ojo atrás, coger perspectiva; convertirnos, en definitiva, en nuestros propios lectores, controlar así nuestro futuro.

Andrea Navacerrada

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