Sagrado y desagrado

Sagrado y desagrado
Rubén Martín Giráldez
Malastierras, 2022

Si William S. Burroughs decía que el lenguaje es un virus del espacio exterior, Rubén Martín Giráldez, en su estallido verborreico, lo justifica. El escritor catalán, quien ya se divorciara del castellano y de la literatura española en su anterior libro, Magistral (Jekyll&Jilll), vuelve aquí a triturar la lengua para ensalzar luego sus vocablos. No en vano diríamos que Sagrado y desagrado representa una oda al lenguaje: es una novela de lenguaje que descoloca o coloca al lector, dependiendo de dónde estuviera antes.

Situándonos en un no-tiempo (por ello, sagrado o mítico), al hacer uso tanto de neologismos como de términos arcaicos, la novela nos presenta en su comienzo a dos personajes, Bocú y Rañé, que tienen una disputa. Esta relación tormentosa, sin embargo, no es entre ellos dos: ambos hablan por boca de Blancmange, el «señor» de ambos y que a ambos ha agravado. El diálogo con el ausente se enmarca en un juego de cartas con comodines. Dos jugadores, dos comodines: cada uno alberga en sí, entonces, dos bocas o cuerpos distintos, nuevos personajes que a lo largo de la novela irán poniéndose sobre la mesa.

Sagrado y desagrado es un habla oscuro (recordemos que su autor participó del ensayo colectivo Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, también en Jekyll&Jill), un juego o artefacto en el que los personajes se crean mientras estos mismos crean a otro. Debajo o al lado de esta novela encontramos el enigma (que no la respuesta) de cómo nos ve el otro, de cómo su presencia condiciona nuestra propia visión de nosotros. Esta novela, a través del personaje de Rañé, nos habla también del amor, de cómo la lengua (el mundo) del otro se sumerge en ella. En este sentido, uno de los personajes invocados con esos comodines es o son la santa o santas que tienen que sacar a Blancmange del interior de Rañé, y para ello no tienen otra solución más que hacerla pedazos.

Es una escritura la de Martín Giráldez casi surrealista. Desvinculada de la razón, en ella abundan las enumeraciones, las subordinadas, las palabras inventadas, los insultos y repeticiones. Por esto mismo, coloca y descoloca a la vez, su escritura sale desde dentro para ensalzar la lengua. Solo queda leerle con atención en boca de la santa o santas ya mentadas:

«Yo y la Moderada y yo somos, hemos construido un monstruo con mi vida y una carraca con nuestras muertes, y prometemos sagrar nuestras existencias (¿o era saldar?) a dilucidar si es peor ser malo que ser tonto. Y tú, después de caminar cien pasos sobre nuestro cadáver, te plantas y nos haces una reverencia mental que de poco nos sirve o sirva. Menos dices que no podemos hacer las veces de la Moderada porque solamente un hombre puede hacer las veces de la Moderada, pero que la razón principal es que las mujeres no existen y, antes de que te pregunte dónde está entonces el problema y no qué somos yomos, respondes que lo que es difícilmente pepinable y queda fuera de varias dudas, si no de todas, es que he acabado por hacerte las veces de tu señora, esa desinencia, y que una señora es una mujer y las mujeres no existen, de manera que no puedo hacer las veces de la Moderada ni una sola vez más, por muy somos, que seamos.»

Andrea Navacerrada

Deja un comentario