La princesa sois Vos

La princesa sois Vos
Blanca Llum Vidal
Club Editor
Traducción de Unai Velasco

Toda la obra de Blanca Llum Vidal está dedicada al amor. En su anterior poemario, Aquest amor que no és u (Este amor que no es uno), publicado en Ultramarinos en 2018, cantaba enraizada en el Cantar de los Cantares con el objetivo de desestabilizar nuestras ideas de amor y de orden, demostrando que el lenguaje del poema siempre revoluciona. Esta vez recoge ya no la tradición del canto de cantos sino de la epístola y, en concreto, de la lírica del amor cortés, recorriendo la estela y dislocando los mismos motivos que han podido hacer otras tantas poetas contemporáneas, como Berta García Faet o Ángela Segovia.

Las cartas de amor de La princesa sois Vos las escribe una mujer a un otro ausente. Así como hicieran los trovadores con su amada en la tradición del fin’amors, la voz poética ha de soportar el silencio del amante que es, a su vez, el de Dios, pues no olvidemos que la relación cortesana con la mística cristiana y neoplatónica quedó claramente establecida en plena Edad Media, no ya solo con la lírica sino también con la épica (Dante Alighieri lo cristalizó más que ningún otro con su Beatrice). Así pues, todas las características de la lírica trovadoresca (el origen cortesano de la amada, la total sumisión del enamorado a la dama, como si este de un vasallo se tratara; la distancia de la mujer, su perfección física y moral…) aparecen en esta obra dispuestas al revés. Ahora la princesa es él. ¿Ahora la princesa es Dante?

Hay también en esta obra una entrega tragicómica y, en cierto modo, un discurso de superación del duelo amoroso. Si aquí la escritura y el amor se ordenan en razón e institución (en cartas, con su estructura fija y estanca), el deseo solo se puede convertir en Deseo y así superarse mediante el sentido no articulado o el habla animal. Solo así el desposeído dejará de serlo y dejará de firmar como «Vuestra» cada epístola.

«(…) si hace un mes que os escribo es porque he decidido no buscaros por ningún otro medio al margen de las cartas. Eso he decidido: impedirme salir a capturar un Amor evidente por lo imposible y concentrarme Aquí adentro —aquí donde abundan los dícticos y los dedos se echan de menos, en este punto de entreguerras, en este ambiente donde se prospera sufriendo y es modelo el bastón hecho vuelo (…) Incapaz de asumir que el resultado de este montón de cartas podría ser eso, bendito seáis Vos entre todas las bestias, no descarto que Vos seáis muchos, que Yo sea varios y que al final todo ello adquiera una condición Iconoclasta. Si así fuera, yo que en esta Metrópolis incierta que desde hace tiempo os envío no he logrado pensarme separada de Vos, pues voy emergiendo encadenada por fuera y atada en mi interior, si fuera así, estaríamos ante una Dualidad que cojea o que alguien detonó, un laberinto de Conciencias que pacen a placer, un Banquete con Aforo inverso por lo cerrado, una Unidad —tal vez— reventada feliz.»

Andrea Navacerrada

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