Fábula material

Fábula material
Begoña Callejón
Bartleby Editores

Fábula material es un cuento-poemario, una distopía vocal o visión poética sobre el destino de la humanidad una vez este ha perdido su lenguaje y relación con la naturaleza. La forma del poemario se nos presenta como un diálogo en prosa con seres vegetales, animales marinos e insectos. El mundo que la voz fabula en el poemario es apocalíptico y el cuerpo-poema uno femenino («Das sombra como Madre —abrazas como Madre— pero no eres Madre») con capacidad de renacer en otros cuerpos. 

Que no existe la verdadera comprensión de la palabra es algo que Begoña Callejón (psicóloga de profesión y prolífica también en el género del relato) conoce de sobra. El lenguaje siempre deja algo por decir. Como no existe la comprensión, sí la defensa. Si la fábula es narración, el silencio es poesía. Y en el silencio del poema, ¿dónde la historia? ¿Dónde el fabulante, el que fabla? ¿Quién enuncia en el poema? ¿Desde dónde nos cuenta? En Fábula material no hay futuro, no nos situamos en una línea recta, no hay continuo: es el poemario una rueda, silencioso juguete con el que se ejercita al lector en una jaula, como rata consciente de la necesidad de exploración gratificante. 

El poemario consta de cuatro partes y este abre con una nota al lector a modo de índice: 

«Dentro de la 1ª fábula nos encontramos con un bosque dentro de otro bosque. Con ese sonido implacable que susurra nuestros nombres. Con un laberinto de asesinatos lingüísticos que no son más que meras luces que gritan infatigablemente en busca de una hora, de un espacio. (…) Dentro de la 2ª fábula los animales marinos llegan a lugares profundos, a través de branquias devastadas y agua negra. Un movimiento sonoro, un reino mudo. Dentro de la 3ª fábula unos insectos nos hablan del apocalipsis. Un escenario que gira. Un anhelo. Donde las palabras se dividen en partes, en huellas. (…) Y dentro de la 4ª tal vez, solo esté el tiempo. Una mutación silenciosa» 

Así, la primera parte, Tálamos, reúne poemas que llevan por título diferentes nombres de seres vegetales, que representan la vida en uno de sus estados más básicos, pero imprescindibles. La segunda parte, Branquias, reúne a una serie de seres marinos que poseen branquias, seres que se estremecen porque ven que el océano, cuna de toda vida terrestre, puede desaparecer de la forma en la que lo conocemos. La tercera engloba a ciertos insectos con élitros (alas anteriores, como las de las libélulas, mariposas o caballitos del diablo), que en algunas culturas simbolizan una guía espiritual. En el poemario funcionan a veces como testigos (los insectos heredarán el planeta si desaparecemos) y como heraldos del fin del mundo (aparecen insectos mutantes, como los que habitan Chernobyl). La cuarta y última parte, titulada Ragnarök, habla de la destrucción del mundo pero también de su resurgimiento, el comienzo de un nuevo ciclo («… en el no-mundo venidero una niña estará muda y su cuerpo será materia…»). 

Fábula material plantea el paso del ser individual al grupal (nosotros y los animales) a partir de la necesidad de escuchar qué hay de animal en nosotros. ¿Hablamos como lobo, como ballena o insecto? ¿Tienen derecho ellos al lenguaje? ¿Ellos fablan, presentan o hacen simulacros? Este poemario plantea mundo y vida como ciclo, el círculo de la existencia. Como decía Maillard: en el principio fue el hambre. Si el hambre es capitalismo, solo podemos luchar de una forma extrema: con una nueva mirada, un nuevo lenguaje. «Escribir para no mentir, para no dejar de mentir», escribía Celan. Es a partir de ahí que Callejón pregunta: ¿Quién va a venir en esta fábula a balbucear? ¿Quién será la salvadora?

Andrea Navacerrada

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