Inglaterra salvaje

Inglaterra salvaje
Richard Jefferies
Traducción y prólogo de Javier Calvo
Aristas Martínez, 2022

«Dicen los ancianos que sus padres les contaron que poco después del abandono de los campos se empezó a percibir un cambio. Durante la primavera inicial, tras el fin de Londres, todo se volvió verde, dándole el mismo aspecto al país entero.»

Así inicia la novela que Richard Jefferies escribió en 1885, Inglaterra salvaje. Nos situamos después de que un cataclismo (explicado de forma vaga, por ello evocativa: «El paso de un enorme cuerpo oscuro a través del espacio…») haya inclinado el eje de la Tierra, alterando mares y clima y llevando a la población de Inglaterra a un pánico frenético. Si bien «las clases más ricas y altas hicieron uso de su dinero para escapar», nunca más se supo de los barcos en los que embarcaron. Mientras tanto, una sucesión de problemas consume sus pueblos: los animales domésticos, enloquecidos por el hambre, se volvieron salvajes; los pequeños focos de supervivientes rápidamente abrazaron la barbarie feroz. 

Cuando el Támesis comenzó a llenarse de sedimentos, el propio Londres se condenó. Como explica el narrador anónimo de Jefferies, «se cree que las aguas del río, al no poder encontrar un cauce, comenzaron a desbordarse hacia las calles desiertas, a llenar los desagües. Estos, por la fuerza del agua, se reventaron y las casas se derrumbaron». Pronto, la otrora gran metrópolis de Inglaterra queda sumergida bajo «un vasto pantano estancado, en el que ningún hombre se atreve a entrar, pues la muerte sería un destino inevitable». La muerte la producirían los propios «antiguos», las ruinas que dejaron atrás: los cadáveres humanos en descomposición, junto con los desechos de las alcantarillas, han creado un líquido químico que exuda un vapor amarillo venenoso. Respirarlo por mucho tiempo es fatal. 

En los primeros capítulos de la novela, Jefferies, uno de los grandes ensayistas victorianos sobre la naturaleza, examina científica y objetivamente la nueva flora, fauna y geografía de la Inglaterra maldita. La subjetividad (y con ella el relato y la ficción, también la mentira y la duda) aparece cuando nos habla de la sociedad feudal que emergió de la tierra en ruinas:

«Hasta el momento presente, todo lo que he declarado ha sido cierto, y no cabe duda alguna de que lo que se ha transmitido por el boca a boca es en su mayor parte correcto. Al pasar de los árboles y animales a los hombres, sin embargo, todo cambia, ya que no hay nada seguro y todo se confunde (…) Debo atribuir la discrepancia existente a las guerras y odios que brotaron y dividieron a la población, de tal manera que unos no escucharon lo que otros deseaban decir, y la verdad se perdió.»

El héroe de la novela, Felix Aquila, es esa figura familiar de la fantasía neomedieval y la ciencia ficción. Vástago sensible de una familia noble, Felix sabe leer los libros de los «antiguos» y ha comenzado a jugar e inventar. Siguiendo con los motivos de la literatura medieval, Felix está enamorado de la hermosa Aurora. Sabe, sin embargo, que sus posibilidades de casarse son escasas: no pertenecen al mismo estrato social. Por ello, desesperado por ganar una fortuna (y con ella a Aurora), Felix construye un bote para explorar el inmenso lago (en realidad un mar interior, traslado del motivo del bosque artúrico como umbral fantástico lleno de dificultades) que ahora domina el centro de Inglaterra. 

Como cualquier héroe de fantasía, Felix sufre numerosas desventuras y percances, pero el punto culminante del libro de Jefferies llega de manera inesperada y sorprende: son los capítulos dantescos en los que el joven buscador de fortuna se adentra sin saberlo en el pantano miasmático que solía ser Londres. A medida que Felix penetra en aguas cada vez más misteriosas, el viento se embrutece, observa bandadas de pájaros enloquecidos, enormes bancos de peces que se alejan de la dirección que él sigue; a su alrededor, el agua negra y el sol al oeste «rodeado de un borde azul tenue».

Pararemos aquí para no desvelar ni el viaje ni el misterio. Invitamos a leer esta novela a los apasionados de Edgar Allan Poe y su Narración de Arthur Gordon Pym, a los lectores de Mary Shelley y a todo aquel que le interese la visión del fin del mundo de La máquina del tiempo de H. G. Wells. Inglaterra salvaje es, en definitiva, una imagen enciclopédica, una inmersión detallada en la naturaleza salvaje que puede en cualquier momento dominarnos: una lente, en fin, distante en el tiempo, que fotografía la escena.

Andrea Navacerrada

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