El jardinero, el escultor y el fugitivo

El jardinero, el escultor y el fugitivo
César Aira
Literatura Random House, 2022

Literatura como fingimiento y ficción pura. Eso enseña siempre Aira tras los pasos de Borges y en El jardinero, el escultor y el fugitivo no es distinto. Precisamente (y he aquí la primera clave interpretativa) en la portada vemos un laberinto triangular. Laberinto, palabra borgiana, todo un concepto: atiende al sujeto de la historia (remite a Teseo) que tras el relato se diluye y pierde identidad, se olvida en otras historias que ya nada tienen que ver. Laberinto borgiano: en él se impone la narración, la peripecia y la ficción.

Si empezamos por el principio podemos decir: primero un escritor, ya maduro, se preocupa por las nubes y por la melancolía que sufre su jardinero, para ayudarle se adentra en un jardín edénico; segundo, un escultor, en la Antigua Grecia, emprende un viaje al oráculo de Delfos para tratar a su asistente, acechado también por el monstruo de la desazón; y, tercero (la última esquina del laberinto), un hombre aburrido y aquejado por la edad decide gozar de la libertad de ser perseguido y escapar.
Así, recogemos el hilo y os preguntamos: ¿Aira ha escrito una novela con variaciones (¿se han perdido sus personajes en el laberinto de su portada?) o ha escrito tres?

Como activo participante del juego de la metaliteratura, que acarrea tantos detractores como seguidores, lo último de Aira sigue cuestionándose cómo funciona la literatura, cuáles son sus entresijos, motivos y manías. Al mismo tiempo que escribe, Aira hace crítica literaria. El lenguaje, como siempre, se muestra convencional, quizá porque sus vuelos son barrocos y visuales. Su imaginación volcánica se da de la mano con una técnica clara y transparente.

En esta(s) novela(s) más que nunca se hace claro que Aira no escribe sino que transita. Que en su escritura una cosa lleva a la otra, que da saltos (a veces bruscos, siempre excepcionales) y la propia escritura se hilvana sola, manteniendo siempre una verosimilitud aristotélica, siempre al acecho de la lógica borgiana.

Andrea Navacerrada

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