Yo, Tituba, la bruja negra de Salem

Yo, Tituba, la bruja negra de Salem
Maryse Condé
Traducción del francés de Martha Asunción Alonso
Impedimenta, 2022

La historia de Tituba comienza muchos años antes de que la brujería golpee el pueblo de Salem. En esta novela, publicada originalmente en 1986, Maryse Condé convierte a Tituba (quizá a través del arte de la nigromancia: la pista puede estar en la cita que abre el libro) en una audaz narradora que cuenta su historia desde su infancia hasta su muerte. Como hija de una esclava ashanti y producto de una violación, el tono de injusticia que recorre toda la novela se establece ya en la oración inicial. De esta forma, la apertura misma del libro nos hace preguntarnos si se trata de un relato sobre Salem o un relato sobre esclavos. Maryse Condé contesta: no son excluyentes.


En este sentido, la novela demanda al lector una cierta suspensión de la incredulidad para poder apreciar completamente el viaje de Tituba. Aunque ahora sabemos que lo que muchos pensaban que era una poción no era más que una infusión de hierbas medicinales, en este libro la brujería se convierte en realidad. A la magia se le da vida muy temprano en el texto, pero no un nombre. La palabra «bruja» no se pronuncia hasta que también aparecen «Satanás» y «Diablo», mucho después de haber visto a Tituba manipular la naturaleza para hacer el bien. Quizás, como muchas cosas, la brujería es parte de una dicotomía: bueno y malo, blanco y negro, brujería y vudú. De hecho, los textos históricos que hacen referencia a las prácticas de Tituba, en lugar de llamarla «bruja» dicen que practicaba vudú, una magia más en consonancia con las experiencias de los afroamericanos que con las de los americanos blancos. Condé critica esto profundamente: ¿Por qué debería recordarse la brujería como la práctica de las mujeres blancas? ¿Por qué debemos llorar a los inocentes que fueron acusados ​​y torturados solo porque nos dijeron que eran caucásicos? Yo, Tituba, la bruja negra de Salem nos recuerda que fueron las mujeres negras las primeras en soportar el peso de tanta crueldad: Tituba es una bruja, no una practicante de vudú, y lleva su título con orgullo.


Esta novela, además de promover un discurso poscolonial y feminista, integra a su vez el registro histórico, pues inserta en ella conversaciones e interrogatorios reales hasta el punto de que nosotros, como lectores, olvidamos que la historia de Tituba y de Salem siguen, todavía hoy, sin documentarse. Con todo, Maryse Condé ficcionaliza la vida de Tituba, a pesar de la naturaleza crítica de la novela, para garantizar cierta esperanza. Pese a la traición de aquellos en quienes deposita su confianza, el corazón de Tituba no se endurece. La bondad no se doblega a la brutalidad, y Tituba recuerda (y nos hace recordar) que no debemos permitirnos ser como aquellos que buscan socavarnos; en cambio, nos ponemos por encima y, al hacerlo, sabemos que la bondad prevalecerá, aunque solo sea cuestión de tiempo.

Andrea Navacerrada

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